A la memoria de Diego del Gastor (1908 - 1973)
A LA MEMORIA DE DIEGO DEL GASTOR (1908 - 1973)
Diego del Gastor constituyó un mito, un personaje que atrajo la atención de muchas personas que incluso fueron a conocerle desde diferentes partes del mundo.
En el mundo del flamenco había seguidores del Niño Ricardo, de Antonio Mairena, de Paco de Lucia y de otros más.
Ser admirador de Diego del Gastor era algo poco frecuente.
Quienes lo descubrieron fueron unos estudiantes norteamericanos que durante su servicio militar llegaron a la base de Morón de la Frontera.
Al volver a su país de origen llevaron unas grabaciones que hicieron circular entre sus amigos y generó tal revuelo que algunos quisieron conocer al guitarrista.
Entre aquellos había muchos que estaban influenciados por las religiones orientales y estaban en la búsqueda de un maestro.
Para entonces muchos yoguis hindúes, derviches turcos y luchadores asiáticos se hacían de seguidores en Norteamérica.
En medio de esa avalancha de espiritualidad unos se convertían al Islam y a la otra semana se hacían budistas y después zoroastrianos.
Los seguidores de Diego del Gastor no eran pocos y aunque nunca llegaron a convencer a su maestro de ir a Norteamerica se llevaron cintas de cassette que hicieron circular entre sus amigos como si se tratase del Evangelio.
Había que ir hasta Morón de la Frontera y ver y oír a Diego del Gastor en persona aunque sea por un día y quedarse en su casa.
Había que escucharle tocar la guitarra hasta la madrugada como él solía hacer.
Algunos al parecer se quedaban meses enteros y servían a los que llegaban a cambio de escuchar cada noche al maestro.
Los amigos y familiares de Diego cantaban y los demás servían la comida.
Quedan aún hoy en día algunas grabaciones de lo que él hablaba y que constituían una especie de sermón.
Destacaba por su carisma y su esencia de gitano. La familia de la cual provenía y de su padre que era un vendedor de caballos.
Sobre Diego del Gastor los mismos guitarristas que triunfaban en España y en todo el mundo fueron bastante críticos.
Pepe Martínez discípulo de Ramón Montoya decía que Diego era "un primitivo que vivía en las montañas".
Paco de Lucía afirmaba que Diego era un "mito hecho por los americanos".
Por entonces E. Pohren compró una finca en Morón y por el precio de unos setenta dólares a la semana daba habitación y comida a los admiradores de Diego que por entonces ya no cabían en su casa.
Diego apenas tocaba tres o cuatro de los más de veinte palos que existen en el flamenco.
Tocaba por soleares, seguiriyas y bulerias, las cuales eran su fuerte, y de vez en cuando alguna rumba o unos tangos.
Cuando la prestigiosa casa Philips le ofreció grabar un disco, la rechazó.
Brook Zern decía que Diego rehusó hacer lo que todos esperaban de él.
Se negó a acompañar a cantaores a los que no admiraba e incluso rechazó al mismo Antonio Mairena.
Él hizo lo que le vino en gana y pagó las consecuencias viviendo en la pobreza la mayor parte de su vida.
A su muerte en 1973 sus seguidores abandonaron Morón desconsolados.
Al entierro acudieron amigos del artista e hicieron tal drama que describió muy bien Steve Kahn.
Las grabaciones de Diego circulan entre los aficionados y coleccionistas a precios muy elevados.
De vez en cuando aparece alguna que otra grabación encontrada en las cosas de algún familiar fallecido y alguien la vende o digitaliza y comparte.
Evan Harrar que vive en Richmond es uno de los alumnos de Diego que aún vive, Steve Kahn murió hace algunos años pero hay muchos más en todo el mundo y nadie sabe quienes son ni en donde están.



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